martes, 17 de junio de 2008

Conferencia en Illinois


La conferencia de Investigación Cualitativa en la Universidad de Illinois fue una experiencia interesante y divertida a pesar de que pensé que me encontraría con un millón de "nerds", quizás como yo.

La universidad es un monstruo, es lo que realmente constituye esta ciudad perdida llamada Urbana-Champaign que no está tan lejos de uno de tantos pueblos en Estados Unidos llamados Springfield.

Me alojé en un pequeño hotel de la ciudad del que primero me aseguré que tuviera internet y bañera para relajarme después de los que según suponía, serían largos días corriendo de un edificio a otro, de pasillo en pasillo y de salón en salón para escuchar a un montón de académicos y estudiantes de doctorado hablar sobre cómo hacen sus proyectos.

Sin embargo, cual fue mi sorpresa cuando vi que el centro comercial de la ciudad estaba justo enfrente de mi hotel. Los planes cambiaron, y el shopping gringo se volvió una prioridad casi tan importante como presentar mi documento ante los que estuvieran interesados en escuchar qué tanto hago investigando perfiles electrónicos y redes sociales de internet.

La bañera sirvió doblemente, porque varios días tuve que llegar casi corriendo al hotel con un montón de bolsas, sacarme los zapatos y echarme al agua para relajarme.

Además, aproveché las delicias de la comida tex-mex, que a falta de lo original, me cayó de maravilla. Después de recorrer las tiendas no dudé en tomarme una margarita de fresa, y un plato mixto con chile relleno, quesadilla, arroz, un taco suave y uno crujiente. Con el estómago lleno, bien podía descansar del viaje desde Londres y concentrarme en mi presentación.

En los viajes siempre se conoce gente. Es por eso que la gente constituye una parte tan importante de la aventura y siempre estoy a la expectativa por saber con quién me encontraré.

Al salir del aeropuerto conocía a dos señoras que habían decidido esperar el autobús para ir a la ciudad en vez de pagar un taxi millonario. Estarían en sus cincuenta y a mi parecer eran lesbianas o en todo caso, amigas íntimas de años. Eran enfermeras y académicas en la Universidad de Massachusetts y también iban a la conferencia. Hablamos mientras nos dirigíamos a la ciudad y una de ellas dijo muy orgullosa que posiblemente visitaría a su hijo en Chicago, quien era asistente de director de cine de una superproducción norteamericana. Mientras tanto, su compañera la miraba con ojos de admiración.

Llegué a mi hotel sin mucho problema porque la conductora del autobús se había portado tan amable que me dio indicaciones precisas de cómo llegar, me dio una revista con los horarios y paradas de los autobuses e incluso me explicó cómo ir a la universidad al día siguiente. Era su primer día de trabajo como conductora y se le veía muy contenta.

El primer día de conferencia se fue entre presentación y presentación de productos para realizar investigación cualitativa usando alta tecnología para administrar y recolectar datos. Existen programas para pc´s muy completos en los que los investigadores podemos analizar texto, imágenes y video, al mismo tiempo que podemos organizar la información en diferentes carpetas usando un montón de herramientas útiles. No son muy caros, y si fuera investigadora de tiempo completo, seguro obtendría alguno de estos programitas mágicos que me ahorrarían mucho trabajo.

Antes de regresar a mi hotel, le di un vistazo al salón donde haría mi presentación para visualizarme hablando en inglés sobre algo que le ha dado tantas vueltas mi cabeza, que a veces ya no tiene forma alguna.

Como bien le dije a un amigo, no pretendía socializar mucho ya que quería descansar y estar bien preparada para la conferencia, lo que no creía muy difícil ya que la mayor parte de la gente era mucho mayor que yo y parecían muy metidos en sus dilucidaciones académicas, para las cuales no estaba en el perfecto humor de escuchar.

Sin embargo, debo admitir que muchas de las presentaciones fueron muy interesantes. Cuál fue mi sorpresa cuando una mujer comenzó a contar la historia de su divorcio y de cómo se dividió las cosas valiosas con su marido, casi entre lágrimas mientras leía su documento y con una magnifica prosa. Era investigación cualitativa con un método reflexivo, digamos de autoexploración exhaustiva a través de la narración. Muchas de las presentes éramos mujeres interesadas en cuestiones de género y al finalizar la presentación los pobres y pocos hombres que habían asistido tuvieron que escuchar un sinfín de letanías femeninas.

Otra de las presentaciones que más me llamó la atención fue una donde una mujer comenzó a leer la historia en breve de una actriz y cantante de los años 20. A los pocos minutos, tiró el papel que leía al piso. Se puso una bata de seda rosada cobre el vestidito que le cubría poco las piernas y comenzó a actuar. Se apropió del papel del la actriz por unos minutos hablando de la vida galante, los espectáculos y los hombres que rodeaban a la diva. De repente dejó de actuar por unos segundos y dijo que parte del performance consiste en adoptar un papel, apropiarse de un rol, sin dejar de lado la esencia propia. Un buen experimento era actuar como si fuera la famosa actriz, pero usando un discurso propio; hablar de sí misma pero a través de la actriz, a través del performance. Obviamente habló de los hombres y se vengó en el salón que convirtió en escenario teatral de todos sus ex novios, pues no paró de decir que el momento del rompimiento con la pareja era una de las cosas que más la llenaba de adrenalina…

Con qué cosas se encuentra uno en este tipo de eventos, pensé. ¡Yo que creía que mi investigación era tan peculiar!

Mi presentación, como era de esperarse, fue bastante normal, sin sorpresas. Al principio estaba muy nerviosa, pues no sabía cuánta gente asistiría y no había conocido a los otros ponentes en persona antes de la presentación. Éramos cinco y todos estábamos interesados en cuestiones de internet, comunidades e investigación cuantitativa. Sin embargo, yo era la más diferente al resto. Quizá más inexperta, pensé. Además, el inglés no es mi lengua primaria y todos se veían mucho mayores que yo y muy seguros de lo que estaban haciendo. Prejuicios. Los estudiantes de doctorado, jóvenes y viejos, todos nos encontramos aparentemente en las mimas, tratando de encontrarle sentido a nuestra investigación, descubriendo cosas continuamente, y tratando de compartir nuestras dudas y conocimiento con otros, para tener aunque sea un poco de retroalimentación.

Fui la tercera en exponer y todo salió a la perfección. Mis ideas tuvieron más sentido que el guión que cargaba conmigo y decidí simplemente explicar lo que hacía en internet. Las palabras fluían como un río caudaloso de mi boca, a pesar de que mi acento le daba un toque parecido al de las piedras que transforman el paisaje de las cascadas y riachuelos a su antojo. No habían latinos en la presentación pero curiosamente fue un escocés el que me hizo sentir “como en casa”, cuando dije que era mexicana y que venía de la Nottingham Trent University. Se dibujó una sonrisa en su cara, mientras asentaba con la cabeza como diciendo, “los dos vivimos en la isla”.
Al final los oyentes hicieron las respectivas preguntas y el tema de la ética y la investigación en línea causó mucho interés.

¿Cómo investigamos lo que hacen los demás online sin su permiso? ¿Es ético? Cómo obtenemos el permiso? ¿Cómo se hacen los procedimientos a nivel institucional? ¿No es la información que ponemos en internet pública, y por lo tanto accesible para los investigadores? ¿Cómo evitamos tener problemas con participantes menores de edad si no podemos comprobar a la distancia su verdadera identidad? ¿Deja Facebook que usemos su contenido? ¿Es lo mismo con MySpace? Muchas preguntas por responder.

El último día atendí a una presentación sobre Second Life y otros mundos virtuales.
Ahí conocí a una colega interesada en escribir algo conmigo y publicarlo lo antes posible. Me llamó mucho la atención que gran parte del capital del campo de los “investigadores cualitativos” se base en el número de publicaciones logrado.

Antes de despedirme de Urbana salí con algunos de los investigadores que conocí el día de mi presentación. Comimos deliciosa comida tailandesa de inmensas porciones gringas.

Finalmente, el último día, no podía faltar un poco más de socialización en el evento y nos consintieron con música country, vino y cervezas y un bufet de pollo, ensaladas y galletas grasosas que a algunos les sirvieron para su regreso a sus respectivos destinos. Conocí a dos colombianos y un paraguayo con los que hablé un poco de política, me tomé algunas cervezas y bailamos salsa en un bar latino que preferimos sobre la fiesta de investigadores. No tuvemucho tiempo para descansar antes de mi regreso a Reino Unido, pero quizá más falta me hacía un poco de diversión con gente, así que no me cayó nada mal.

En fin, la experiencia no pudo haber concluido de mejor manera que con una pasadita por Chicago, una ciudad viva, fresca y moderna adornada por rascacielos y esculturas que le dan un toque muy particular.
Valió mucho la pena cruzar el océano para refrescar un poco la mente, conocer a gente interesada en mi trabajo y por supuesto, relajarme y rendirle culto al consumismo de occidente.

2 comentarios:

Martín Palma Melena dijo...

Estimada Lorena

No digo que sea tu caso, pero algunas exposiciones en ese evento académico me resultaron muy curiosas, aunque también muy interesantes… En todo caso, me agradó esta crónica.

Un cordial saludo

Anónimo dijo...

Hola Lorena!,

Ya no volví a recibir noticias tuyas, supongo que has de estar muy ocupada y que bueno que sigas nutriendo tu blog. La cuestión de la ética no tienes idea como me la cuestionaron cuando hice mi tesis de maestría sobre blogger.

Te mando muchos saludos,
Lidia