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martes, 18 de agosto de 2009

"Lara me borró de su lista"


Regresé de vacaciones hace una semana, lista para actualizar blogs, seguir con el tercer capítulo de mi tesis y claro, comenzar la dieta y hacer ejercicio, como cada que regreso de vacaciones, y desgraciadamente, como cada lunes.

Con mi café mañanero en mano y los anteojos que no usé durante diez días de sol y playa me dispuse a checar mi mail, facebook, hi5 y dos o tres diarios online, la rutina de siempre.

Cuál fue mi sorpresa al ver que mi antigua compañera de piso, que por motivos de privacidad llamaré “Lara”, me envió un comentario que por la forma en la que interactuó conmigo durante año y medio y para sus flemáticos estándares que equivocadamente, primero atribuí a su cultura inglesa, podría calificar de cursi y ridículo. Sin embargo, si se hubiese tratado de cualquier otra amiga, lo hubiera visto completamente normal.

Distante

Lara me preguntaba por mi nueva vida fuera de Londres, me decía que me extrañaba mucho y que esperaba que nos viéramos pronto cuando la fuera a visitar. Se me encogió el corazón y decidí responderle después, cuando realmente pudiera organizar algo para vernos. Me imaginé que se sentiría un poco sola después de haber dejado el piso que compartimos y creí que a pesar de nuestras diferencias podríamos tomarnos un café de vez en cuando y hablar de nuestros recuerdos en el piso de Wandsworth.

Lara siempre se mantuvo a raya. De los cuatro que compartíamos la casa ella fue la que menos se integró al grupo de “housemates relajados”, tal como indicaba el anuncio de Gumtree cuando me dispuse a buscar donde vivir en Londres.

Al llegar del trabajo, si estaba de mal humor o había tenido un día pesado, simplemente iba directamente a su cuarto, azotaba la puerta y no sabíamos más de ella por uno o dos días enteros. Me compartió dos o tres problemas que alguna vez tuvo en el trabajo y nunca me habló de su relación con “Charles” (también con nombre inventado), su novio francés que también compartió el piso por esa temporada y que ahora es un buen amigo mío.

Sin ella

La historia de Lara y Charles es un tanto escabrosa y está matizada con algunos desencuentros y traiciones. Al principio parecían quererse mucho y tener un futuro en Inglaterra juntos. Sin embargo, Charles decidió regresar a Francia y no llevarse a la novia “porque se había dado cuenta de que ella no era para él”.

Sus dos últimos meses juntos fueron difíciles no solo para ellos sino también para “Carlo”, (mi otro housemate de origen italiano, pero también con nombre inventado) y para mí.

A veces oíamos sus discusiones mientras tratábamos de concentrarnos en la cocción perfecta de la pasta la cual, según Carlo, yo tenía que aprender perfectamente, porque siempre se me pasaba y hacía “pastas para perro”. Otras, Charles salía volado en su motocicleta y se iba con su amigo “Alex” a pasar la noche, mientras nos preguntábamos si Lara también se había ido o si seguía llorando desconsoladamente en su cuarto.

Al cambio

Mientras tanto, los cuatro nos preparábamos para dar un salto en nuestras vidas. Todos nos mudaríamos y comenzaríamos nuevos capítulos en nuestras vidas. Para finalizar nuestro capítulo en el piso de Wandsworth, mi novio y yo organizamos un viaje al sur de Italia, la tierra de Carlo. Al principio, Lara se mostraba curiosa, posiblemente nos acompañaría.

Sin embargo, sería muy difícil para ella, porque sabía que sería su última aventura con Charles, quien ya estaría instalado en Francia y con quien tendría que romper una vez que ya no compartieran el piso.

Un día Lara tomó una decisión definitiva. No iría a Italia con nosotros y no quería saber tampoco si Charles iría o no. Por lo tanto dejamos de hablar del tema en el flat, pero compramos nuestros boletos y organizamos todo para el viaje que al final resultó genial.

Del amanecer al bikini

Mi novio y yo tuvimos tiempo de relajarnos, de ir de una playa a otra y descubrir los secretos del tacón italiano y los dos mares que lo bañan. Mientras tanto, Carlo y Charles, más unidos que nunca, también disfrutaron de otras bellezas, no siempre tan naturales y al aire libre, pero sí bien prominentes y con distintos rincones y curvas que disfrutar y a veces (aunque pocas por la talla de los bikinis) que descubrir.

Nos preguntamos varias veces qué haríamos con las tantas fotos que sacamos y nos preocupaba Lara y su corazón mallugado al ver las imágenes del viaje que se perdió. Decidimos no poner ninguna fotografía en facebook, la red que los cuatro compartimos y así lo hicimos.

Todo hubiera ido de maravilla. Lara hubiera sabido que fuimos a Italia y que la pasamos bien, si le hubiera respondido antes a su amoroso mensaje. Quizá nos hubiéramos tomado un café y le hubiera explicado que Charles, Carlo y yo simplemente seguimos sus instrucciones y que por eso nunca mencionamos otra vez el viaje.

El hubiera no existe

Quizás, hubiera tenido tiempo de pedirle perdón, porque al final, creo que le debimos de haber dicho que Italia nos esperaba a todos, incluido Charles, incluida ella.

Pero no pasó así. Antes de que cantara un gallo, esa misma mañana que vi el mensaje de Lara en Facebook, también vi que las madonas que Charles conoció la playa, se encargaron de poner fotos de los cuatro rodeados de otros tantos italianos e italianas sonrientes y en bikini en facebook y estaban en la primera pantalla del perfil de Charles.

La foto de Lara ya no aparecía junto a lo que me escribió. Su perfil, no estaba en mi lista de amigos, tampoco en la lista de Charles, ni en la lista de Carlo.

La amistad que apenas surgía con Lara así se quebró.

Lara nos borró de Facebook, nos borró a los cuatro de su vida.

jueves, 23 de abril de 2009

Vota por tu privacidad

Los usuarios de Facebook, tienen apenas unas pocas horas para votar sobre si obligar a la empresa a abandonar los planes de la red social que reducen drásticamente las condiciones de privacidad.

En febrero, los usuarios protestaron cuando Facebook pretendía añadir nuevos términos y condiciones, que estipulaban que cualquier contenido subido al sitio, sería propiedad de Facebook y la red social podría utilizarlo de cualqueir manera.

El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg,se comprometió a ajustarse a los resultados de la votación actual. Sin emabrgo, ésta será válida sólo si al menos un tercio de los usuarios votan. ¡Emite tu voto aquí!

miércoles, 13 de febrero de 2008

¿Comunidades o simplemente espacios digitales?


Ayer discutía con un amigo sobre la naturaleza de las redes sociales. Si bien creo que las primeras redes surgieron como un experimento que poco a poco se convirtió en un espacio donde millones de usuarios encontraron oportunidades de libre expresión y convivencia; también creo que en proceso, las redes se fueron transformando en espacios de marketing donde los usuarios somos víctimas y victimarios, de manera consciente o inconsciente.

Los perfiles online muestran muchos de nuestros datos, mismos que son usados para vender y publicitar productos cada vez, de manera más especializada.

Sin embargo, como bien argumentaba mi amigo, las redes virtuales son más que listas de consumidores, son un espacio donde se comparten intereses comunes y existen dinámicas interacciones y flujos de comunicación entre los usuarios que dotan a estos espacios de un sentido comunitario.

Muchos de los primeros estudios sobre internet fueron encaminados en este sentido. Tal es el caso de “La Comunidad Virtual” escrita por el primer ciudadano de la red Howard Rheingold. En esta obra, el autor describe su experiencia en The Well, uno de los primeros espacios virtuales abierto a la discusión pública, creado en San Francisco hace ya más de veinte años.

Los pioneros

Para Rheingold, como muchos otros espacios en la red, The Well es una comunidad virtual. Ahí la gente se conoce, colabora, discute e incluso se enamora sin necesidad del contacto físico. El sentido comunitario de este espacio es explícito cuando Rheingold describe como ejemplo, la ayuda y el apoyo emocional que uno de los miembros de este sitio recibió, al anunciar que su hijo tenía leucemia.

A pesar de que el argumento general del libro se inclina por convencer al lector de la fuerza revolucionaria de la comunidad electrónica, comparándola con una “mente grupal virtual”, Rheingold reconoce que puede ser un lugar donde el peligro de jugar distintos roles de identidad de manera un tanto adictiva está latente.

Al mismo tiempo, argumenta que el gobierno y las grandes corporaciones empresariales podrían hacer mal uso de la información sobre los usuarios de este sitio. Estas observaciones son ahora incluso más atinadas que hace 15 años, cuando “La Comunidad Virtual” se editó por vez primera.

Sin embargo, la importancia de esta obra yace sobre todo, en el debate que generó en su momento, y que hasta ahora se sigue discutiendo, en torno al sentido de lo comunitario en un espacio virtual.

Si bien es cierto que la naturaleza de las redes sociales, que es el tema que aquí compete, es diferente de la de The Well, existen importantes similitudes entre estos espacios que los hace comparables con el fin de analizar si existe realmente un sentido de comunidad.

¿Qué es una comunidad?

Una comunidad puede definirse como un grupo de individuos que comparten un mismo espacio e intereses comunes. El sentido de comunidad se ve reflejado no solo en estas condiciones sino también en el apoyo solidario y en el sentimiento de pertenencia al grupo.

De esta manera, se puede argumentar que cuando formamos parte de las redes virtuales, por ejemplo de Facebook, existe efectivamente un sentido de pertenencia a un espacio específico en internet, que es compartido por millones de personas.

Cuando nos referirnos a nuestra presencia en espacios electrónicos es común que asumamos un sentido de presencia dentro de la red. El uso del lenguaje cotidiano que usamos para referirnos a nuestra actividad en internet tiene un importante papel en el fortalecimiento del sentido de presencias virtuales en espacios electrónicos, las cuales a su vez, contribuyen a la idea de “pertenecer” a un lugar virtual.

Usamos palabras que refuerzan presencias existentes en un mundo virtual, las cuales “visitan, navegan, están” en esos espacios electrónicos, que al fin y al cabo, no son más que imágenes digitales multimedia en nuestros monitores.

Offline y online

En la realidad offline no sucede nada más que un alborotado juego de dedos y manos que van del mouse al teclado, en coordinación con el movimiento de los ojos. Mediante nuestros sentidos percibimos “estar” en un lugar diferente cada vez que cambiamos de página o de sitio virtual; cuando creamos un perfil electrónico en una red social, de alguna manera “ocupamos” un espacio en la red.

De la misma manera, si hemos creado un perfil en Facebook, MySpace o Hi5, cada vez vemos el perfil de otros miembros queda registrado “que estuvimos ahí”.

De la misma manera, podemos comprobar que existen intereses comunes en las redes sociales, especialmente cuando se crean grupos con algún objetivo o intereses bien definidos. Sin embargo, un gran número de grupos en estos espacios tienen intereses muy vagos, o sin más importancia que el puro entretenimiento ocioso.

¿De acuerdo a tu experiencia podrías afirmar que sientes un sentido comunitario en estos espacios? ¿Están de alguna manera generándose verdaderas comunidades virtuales? ¿Conoces un grupo que pueda considerarse una comunidad virtual?